EL FANTASMA DE TEXARKANA: LOS CRÍMENES DE LA LUNA LLENA QUE ATERRARON A DOS ESTADOS
Clasificación: Caso Abierto / True Crime
Autor e Investigación: José Moreno Jiménez
Fecha de Documentación: 15 de septiembre de 2026
En la primavera de 1946, la apacible ciudad fronteriza de Texarkana —dividida exactamente por la línea divisoria entre Texas y Arkansas— se sumergió en una pesadilla real que marcaría para siempre la crónica negra de Estados Unidos. Un asesino invisible, metódico y brutal comenzó a acechar en los caminos rurales y los parajes solitarios frecuentados por parejas, desatando una oleada de violencia bautizada por la prensa como «los asesinatos a la luz de la luna» (The Moonlight Murders). El patrón de ataque helaba la sangre de los investigadores. Las víctimas eran sorprendidas en el interior de sus vehículos estacionados en plena noche. Una potente linterna cegaba repentinamente a los ocupantes desde la ventanilla, impidiéndoles ver quién se aproximaba. Los escasos supervivientes describieron a una silueta corpulenta, de más de un metro ochenta de altura, que ocultaba su rostro bajo una máscara improvisada: un saco de tela blanca o funda de almohada tosca con dos simples orificios recortados para los ojos. Sin mediar palabra o tras exigir el dinero con voz calmada, abría fuego a bocajarro con una pistola calibre .32. En un lapso de apenas diez semanas, entre febrero y mayo de 1946, el conocido como «Asesino Fantasma» (The Phantom Killer) atacó a ocho personas, dejando cinco víctimas mortales. El clímax del terror llegó cuando el criminal cambió su modus operandi: abandonó las carreteras secundarias e irrumpió en una granja apartada, disparando a través de la ventana al agricultor Virgil Starks mientras leía el periódico y persiguiendo a su esposa, quien logró escapar malherida a través de los maizales hacia la casa de un vecino. La psicosis colectiva paralizó Texarkana. Al caer el sol, las calles quedaban desiertas; las ferreterías y armerías agotaron sus existencias de escopetas, cerrojos y munición; las familias colocaban barricadas tras las puertas y los vecinos dormían con el arma cargada bajo la almohada. Agentes locales, policías estatales y una unidad especial de los legendarios Texas Rangers, comandada por el célebre capitán Manuel «Lone Wolf» Gonzaullas, peinaron bosques, caminos y vías de tren durante semanas, pero el tirador parecía evaporarse en la oscuridad sin dejar rastro biológico ni huellas dactilares aprovechables. Tan repentinamente como había comenzado, la oleada de homicidios cesó en mayo de 1946. Aunque las autoridades mantuvieron bajo sospecha a un ladrón de coches reincidente llamado Youell Swinney, jamás se pudieron recabar pruebas concluyentes para imputarlo formalmente por los crímenes. El caso quedó archivado en un limbo judicial eterno. Ocho décadas después, la verdadera identidad del Fantasma de Texarkana sigue siendo uno de los expedientes sin resolver más aterradores del crimen histórico. Si te ha gustado este caso, no te puedes perder nuestro expediente sobre EL MONSTRUO DE FLORENCIA, donde analizamos otro fascinante misterio de nuestros archivos.
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