EL ENIGMA DE VELILLA DE EBRO: LA CAMPANA QUE TAÑÍA SOLA ANTE NOTARIO
Clasificación: Relato del Administrador
Autor e Investigación: José Moreno Jiménez
Fecha de Documentación: 15 de septiembre de 2026
En la ribera baja del Ebro, a escasos kilómetros de Zaragoza, se alza el municipio de Velilla de Ebro. Durante más de dos siglos, la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario custodió uno de los enigmas más inquietantes y rigurosamente documentados de la historia de España: una campana de bronce que comenzaba a repicar con furia sin que mano humana rozara sus cuerdas ni el viento empujara su badajo. Lejos de tratarse de habladurías campesinas, los toques espontáneos de la campana de Velilla quedaron registrados en minuciosas actas notariales rubricadas por escribanos reales, corregidores y canónigos de la Seo de Zaragoza. El bronce no sonaba de forma errática; sus repiques seguían patrones rítmicos, acompasados y fúnebres, a menudo prolongándose durante horas o jornadas enteras a la vista de cientos de vecinos congregados en la plaza. El episodio más célebre y exhaustivamente certificado aconteció en marzo de 1601. La campana empezó a tañer en soledad ante la estupefacción popular. Para descartar cualquier fraude, el jurado local y el clero apostaron guardias armados en la torre, sujetaron las cuerdas y desnudaron el mecanismo. El bronce siguió sonando. El notario público Jaime Albeitar levantó un acta oficial de ocho folios donde juró por Dios y la cruz que el badajo golpeaba los bordes con fuerza desmedida ante sus propios ojos sin causa física aparente. Días después de cesar el prodigio, el reino recibía la noticia de la muerte imprevista de varios prelados y la firma de trascendentales tratados bélicos. Las crónicas de la época —recogidas por historiadores aragoneses como Jerónimo de Blancas o el cronista real fray Diego Murillo— documentaron tañidos insólitos antes de la caída del Imperio Romano de Oriente en 1453, la muerte del rey Fernando el Católico en 1516, el óbito del emperador Carlos V en Yuste (1558) o la masacre de la batalla de San Quintín. El propio emperador Carlos llegó a enviar emisarios de la corte para investigar el campanario. ¿Simple sugestión colectiva o una manifestación física documentada por la ley y la Iglesia? La campana de Velilla de Ebro permanece en los anales como el enigma sonoro más desconcertante de la Corona de Aragón. Si te ha gustado este caso, no te puedes perder nuestro expediente sobre LA CORNUDILLA, EL PUEBLO MALDITO, donde analizamos otro fascinante misterio de nuestros archivos.
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