EL TAMBORILERO DE TEDWORTH (1661): LA BRUJERÍA MILITAR, EL PRIMER GRAN POLTERGEIST HISTÓRICO Y LAS INVESTIGACIONES DE LA ROYAL SOCIETY

Clasificación: Relato del Administrador

Autor e Investigación: José Moreno Jiménez

Fecha de Documentación: 27 de septiembre de 2026

En la primavera de 1661, la apacible localidad de Tedworth (actual Tidworth), en el condado inglés de Wiltshire, se convirtió en el escenario del que hoy la parapsicología y la historia consideran el primer caso documentado de poltergeist en el mundo occidental. El detonante de este asedio sobrenatural fue un enfrentamiento legal aparentemente mundano. El magistrado local y terrateniente, John Mompesson, ordenó el arresto de William Drury, un antiguo tamborilero militar itinerante acusado de pedir limosna de manera extorsiva exhibiendo salvoconductos y licencias falsificadas. Aunque Drury logró escapar de prisión, el juez confiscó su tambor de campaña y lo envió como prueba a su mansión señorial. Fue el comienzo de una pesadilla que duraría más de dos años. Pocos días después de que el instrumento entrara en la residencia de los Mompesson, comenzaron a retumbar en el aire golpes secos e invisibles sobre los tejados y las paredes exteriores. Al cabo de un mes, la presencia traspasó los muros. Todas las noches, a horas fijas, un redoble militar ensordecedor recorría los pasillos sin que hubiera ser humano alguno empuñando baquetas. Mompesson, armado con pistolas cargadas, recorrió en vano la finca persiguiendo el estruendo: las detonaciones fantasmales se burlaban de su presencia, sonando simultáneamente en las vigas del techo y bajo los tablones del suelo. La actividad no tardó en tornarse violenta y física, cebándose de manera implacable en el dormitorio de los hijos de Mompesson. Los criados y los propios progenitores presenciaron cómo las camas de los niños levitaban a varios palmos del suelo, precipitándose luego con violencia mientras algo invisible arañaba bajo los colchones como si estuviera provisto de garras de hierro. Los muebles de roble cruzaban las estancias sin ser empujados, las sillas se apilaban solas formando barricadas, y las cenizas de la chimenea salían disparadas en tromba para cubrir las cabezas de los presentes, todo ello acompañado de un asfixiante hedor a azufre que saturaba el ambiente. La repercusión social del caso alcanzó tal magnitud que el rey Carlos II comisionó a miembros de la corte para investigar el fenómeno. Sin embargo, el informe más minucioso lo firmó Joseph Glanvill, influyente clérigo y miembro de la prestigiosa Royal Society británica. Glanvill se desplazó hasta la mansión a principios de 1663 para aplicar el método empírico de la nueva ciencia. Durante su estancia, Glanvill comprobó con sus propios ojos cómo las sábanas se agitaban frenéticamente con las manos de los infantes a la vista de todos, y llegó a meter el brazo bajo el somier sintiendo una presencia viscosa que se esfumó entre sus dedos. Glanvill inmortalizó estos sucesos en su influyente tratado Saducismus Triumphatus, donde argumentó que negar las apariciones de Tedworth equivalía al ateísmo científico. Mientras tanto, William Drury, capturado y juzgado en Salisbury por brujería maléfica a distancia, se jactaba abiertamente desde su celda de haber embrujado al juez Mompesson utilizando su vínculo con el tambor arrebatado. Fue sentenciado al destierro en ultramar, pero la leyenda del tamborilero de Tedworth quedó para siempre fijada como el punto exacto de unión entre la brujería clásica del siglo XVII y los fenómenos de telequinesis espontánea moderna. Si te ha gustado este caso, no te puedes perder nuestro expediente sobre EL MACHO LANÚ, donde analizamos otro fascinante misterio de nuestros archivos.

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