LA GARITA 5

Clasificación: Relato del Administrador

Autor: ADMINISTRADOR

Hola a todos, os cuento otro relato de los buenos, por supuesto, los protagonistas y el lugar, me lo guardo, pero se que fué real... A finales de los ochenta, el tiempo en los cuarteles se medía en guardias infinitas y el humo de cigarrillos compartidos. Pero en aquel destacamento, el tiempo se detenía al llegar a la Garita Cinco. Situada sobre el muro perimetral, solitaria y azotada por el viento, cargaba con una sombra que ningún mando quería reconocer: la de un soldado que, años atrás, decidió que la única forma de abandonar el servicio era quitándose la vida en ese mismo habitáculo de cristal y cemento. La Hora del Pánico Eran las 02:00 de la madrugada. El soldado García subió los peldaños hacia la garita para cumplir con el tercer turno, el más temido. Había intentado cambiar el puesto, ofreciendo toda su paga y tabaco, pero nadie aceptó. El miedo era más fuerte que el dinero. Para combatir el silencio sepulcral del patio de armas, encendió su radio de transistores. La sintonía de la Cadena SER llenaba el espacio con historias de lo oculto, mientras él apretaba el cetme contra su pecho, sintiendo que el frío de esa noche no era normal. El Reflejo en el Cristal Al dar las 03:00, la atmósfera cambió. El aire se volvió pesado, cargado con un olor metálico, casi como pólvora vieja. García, sintiéndose observado por mil ojos invisibles, encendió la luz interior para romper la oscuridad. Nada. Solo él y su soledad. Al apagar la bombilla para volver a vigilar el muro, el cristal de la garita se convirtió en un espejo negro. Fue en ese instante de silencio absoluto cuando el corazón se le detuvo. En el reflejo, justo detrás de su hombro, apareció un rostro. Una cara pálida, desencajada, con el uniforme de faena de otra época y unos ojos que suplicaban un descanso que la eternidad le negaba. El Salto al Vacío El pánico no entiende de reglamentos. García no pensó en la altura ni en el arma. El terror puro lo empujó a lanzarse de cabeza contra el ventanal. El cristal estalló y su cuerpo voló hacia el exterior del muro. El impacto contra el suelo fue brutal. Sus dos piernas se quebraron al tocar tierra, pero el dolor era secundario frente a la necesidad de huir. Se arrastró por el suelo, sollozando, dejando un rastro de desesperación hasta que las luces de los focos de sus compañeros lo alcanzaron. La Verdad Silenciada Mientras García era evacuado con las piernas destrozadas y el juicio roto, la maquinaria militar se puso en marcha. El Capitán de guardia fue tajante: "El soldado se quedó dormido en la cornisa, perdió el equilibrio y cayó. Aquí no ha pasado nada más. Quien hable de fantasmas o ruidos, terminará la mili en el calabozo". Pero los que estuvisteis allí sabéis la verdad. Sabéis que la disciplina puede ocultar un informe, pero no puede dar descanso al soldado que aún hoy, en las noches de guardia, sigue esperando que alguien suba a la Garita Cinco para darle, por fin, el relevo.