EL ACOSADOR INVISIBLE DE CIRCLEVILLE: LAS CARTAS QUE NADIE PUDO DETENER

Clasificación: Caso Abierto / True Crime

Autor: Administrador

En el año 1976, la pacífica rutina de Circleville, un pequeño y tranquilo pueblo del estado de Ohio, se transformó en una auténtica pesadilla psicológica. De la noche a la mañana, decenas de vecinos comenzaron a recibir misteriosas cartas anónimas en sus buzones. El remitente utilizaba un método muy particular para ocultar su identidad: los textos estaban escritos a máquina, pero los sobres mostraban una caligrafía en bloque, extraña y angulosa, postales mataselladas siempre desde la cercana ciudad de Columbus. Lo verdaderamente terrorífico de este expediente es que el acosador demostraba conocer al milímetro los secretos más oscuros e íntimos de los habitantes, vigilando cada uno de sus movimientos diarios. Nadie estaba a salvo. El objetivo principal de sus ataques fue Mary Gillispie, una conductora de autobús escolar a la que el misterioso escritor acusaba de tener una relación extramatrimonial. Las misivas subieron rápidamente de tono, incluyendo brutales amenazas de muerte directas si ella no confesaba. El misterio se tiñó de sangre en agosto de 1977. El marido de Mary, Ron Gillispie, recibió una llamada telefónica del acosador. Furioso, Ron salió de casa armado con su pistola, dispuesto a cazarlo. Minutos después, su coche se estrelló contra un árbol en un callejón rural y Ron falleció en el acto. Al inspeccionar la escena, la policía descubrió que su arma había sido disparada una vez, pero el misterio se volvió macabro cuando un vecino encontró, poco después, una trampa mortal oculta en una valla del pueblo: una pistola cargada y conectada a un cordel, diseñada para dispararse en cuanto alguien pasara. Las autoridades culparon del montaje al cuñado de Mary, Paul Freshour, y lo condenaron a prisión basándose en pruebas caligráficas muy dudosas. Sin embargo, el expediente dio un giro imposible: mientras Paul cumplía condena en una celda de aislamiento, sin acceso a papel ni a máquinas de escribir, las brutales cartas hiperinformadas siguieron llegando a los buzones de Circleville con el mismo estilo y caligrafía. El escritor fantasma incluso le envió una carta al propio Paul a prisión burlándose de él. Tras una década de terror, el acoso cesó de la misma forma en que empezó, de golpe. A día de hoy, la verdadera identidad del acosador invisible de Circleville jamás se descubrió, dejando al pueblo con la eterna duda de quién era el monstruo que los vigilaba desde las sombras.