EL ASESINO DEL HACHA DE NUEVA ORLEANS: EL DEMONIO QUE AMABA EL JAZZ

Clasificación: Caso Abierto / True Crime

Autor: Administrador

Entre mayo de 1918 y octubre de 1919, la vibrante ciudad de Nueva Orleans se sumió en el terror más absoluto debido a uno de los asesinos en serie más enigmáticos y brutales de todos los tiempos. El modus operandi del criminal era terrorífico: asaltaba las casas de madrugada, generalmente rompiendo un panel de la puerta trasera, y atacaba a sus víctimas mientras dormían en sus camas. Lo más macabro es que nunca llevaba armas; utilizaba las hachas o hachuelas que los propios dueños de la casa tenían en sus patios para cortar leña, dejándolas después tiradas en la escena del crimen cubiertas de sangre. La psicosis colectiva alcanzó su punto álgido el 13 de marzo de 1919, cuando los principales periódicos de la ciudad publicaron una carta auténtica enviada por el mismísimo asesino. En la misiva, escrita con un tono burlón y siniestro, el criminal afirmaba no ser un humano, sino "un demonio del infierno más ardiente". Sin embargo, lo que paralizó el corazón de los habitantes fue la extraña condición que impuso en el texto: prometió que la noche del siguiente martes no atacaría a nadie que estuviera en un lugar donde sonara música de Jazz. La respuesta de la población fue un fenómeno sociológico sin precedentes. La noche del martes 18 de marzo, Nueva Orleans se convirtió en una gigantesca y frenética fiesta de supervivencia. Los ciudadanos, aterrorizados ante la idea de sufrir un hachazo en la oscuridad, abarrotaron los clubes de música, mientras que las familias que se quedaron en sus casas sacaron pianos a la calle o pusieron gramófonos a todo volumen. Los músicos locales compusieron a contrarreloj temas dedicados al asesino, y esa noche nadie durmió, pero se logró el objetivo: el hacha no cayó sobre ninguna cabeza. El misterioso asesino cobró la vida de al menos seis personas y dejó heridas de gravedad a muchas más, cebándose especialmente con tenderos de origen italiano. Tan repentinamente como empezó, los ataques cesaron a finales de 1919 y el criminal desapareció para siempre en la niebla de la historia. Jamás se descubrió quién se ocultaba tras el pseudónimo del "Asesino del Hacha", dejando a la ciudad de Nueva Orleans con la eterna duda de si aquel monstruo fue un hombre de carne y hueso o, como él mismo afirmaba, un auténtico demonio que emergió de las sombras bailando al ritmo del Jazz.