LA CONJURA DE 1705 Y EL ARCO DE LOS AHORCADOS

Clasificación: Relato del Administrador

Autor: ADMINISTRADOR

Nos situamos en marzo del año 1705. España estaba sumida en plena Guerra de Sucesión. Por un lado estaban los Borbones (los partidarios de Felipe V) y por el otro los Austrias (que apoyaban al Archiduque Carlos). Granada, oficialmente, estaba del lado de los Borbones, pero en los callejones del Albaicín se respiraba conspiración. La noche del 6 de marzo, una vieja casa medio en ruinas junto a la Iglesia de San Miguel se convirtió en un nido de lobos. Uno a uno, embozados en capas oscuras para no ser vistos por las patrullas, varios hombres iban llegando a la puerta. Allí, un mozo con un enorme cuchillo al cinto hacía de portero. Para entrar, se exigía la contraseña susurrada al oído: —«España por el Archiduque». —«Adelante», respondía el guardián. Dentro, alumbrados por la débil luz de un farol, se reunía la flor y nata de los nobles locales descontentos, mezclados con gente del pueblo. Estaban tramando una rebelión secreta para derrocar a las autoridades borbónicas y entregarle Granada al Archiduque Carlos. Entre ellos destacaban hombres de alta alcurnia, como el Vizconde de Cardona, su secretario y un caballero llamado Don Álvaro. Pero en Granada, hermano, las paredes oyen. Alguien habló de más (las malas lenguas dicen que el plan se delató en un secreto de confesión) y la justicia del rey no tuvo piedad. Las autoridades organizaron una redada masiva por todo el barrio. Unas semanas después, a mediados de año, los vecinos del Albaicín se despertaron con una estampa dantesca que heló la sangre de todo el barrio. Del mismísimo Arco de las Monjas colgaban balanceándose al viento siete cuerpos sin vida. Eran cinco nobles vestidos con sus trajes de hidalgo y dos villanos del pueblo. Entre ellos estaban el Vizconde, su secretario y Don Álvaro. En el pecho de los cadáveres habían clavado un enorme cartelón con un aviso claro y sangriento para que nadie más osara rebelarse: "Por reos de lesa Majestad." Cuando los alguaciles fueron días después a retirar los cuerpos ya descompuestos, los testigos juraron oír unos lamentos ahogados que parecían salir del propio arco de piedra. Desde aquel fatídico año de 1705, el Arco de las Monjas quedó maldito. La leyenda dice que si pasas por debajo del arco a altas horas de la noche, cuando el viento del Albaicín sopla frío, todavía se pueden ver sombras oscuras balanceándose en el aire y se escuchan los quejidos de los siete conjurados que pagaron con el cuello su traición.