EXPEDIENTE EVA 3: EL INCIDENTE DE CONSTANTINA (1968)
Clasificación: Expediente de Agente
Autor: Pepe Moreno
El 12 de noviembre de 1968, el aire gélido de la Sierra Norte de Sevilla se volvió espeso, casi eléctrico, bajo la atenta vigilancia del Escuadrón de Vigilancia Aérea número 3 (EVA 3). A las 19:45 horas, el crepúsculo daba paso a una noche oscura y despejada. Lo que comenzó como una guardia absolutamente rutinaria y silenciosa en las instalaciones de radar se transformó, en cuestión de minutos, en uno de los expedientes desclasificados más intrigantes y desconcertantes de la historia de la aeronáutica militar española. Un capitán de la unidad, que se encontraba en ese momento observando el horizonte desde los ventanales de la zona residencial de oficiales, fijó su mirada en una anomalía visual innegable: un objeto de proporciones indefinidas que despedía una luminiscencia blanca cegadora, ajena a cualquier aeronave comercial o militar de la época. Según quedó recogido en el detallado informe técnico posterior, la misteriosa luz se encontraba a unos 20 kilómetros de distancia en línea recta desde la base y mantenía una altitud de vuelo sorprendentemente estable de 4.000 metros. Durante varios e interminables minutos, el objeto no se limitó a flotar erráticamente. Realizó una serie de maniobras que desafiaban la física conocida y las capacidades aerodinámicas de cualquier aparato humano: pulsaba en intensidad lumínica como si 'respirase', llegando a desaparecer casi por completo en la negrura de la noche andaluza para, una fracción de segundo después, volver a brillar con una fuerza descomunal que iluminaba el perfil de la sierra. Aunque la maquinaria burocrática del Ejército del Aire, en sus informes oficiales posteriores, intentó restarle importancia y encubrir el evento, calificando el avistamiento de 'baja fiabilidad' excusándose en la falta de trazas de radar sólidas y continuas en los vetustos equipos TPS-113 de la época, la realidad de los hechos era testaruda. Otros cinco testigos directos, militares de servicio en diferentes áreas de la base, confirmaron el fenómeno luminoso de manera independiente. ¿Se trató realmente de una prueba tecnológica secreta de alguna potencia extranjera en plena Guerra Fría, operando con total impunidad sobre espacio aéreo soberano? ¿O estamos hablando de un visitante de fuera de nuestro mundo, una inteligencia ajena que sabía exactamente dónde estaban apostados los 'ojos' del sistema de alerta temprana del radar español y jugaba con ellos? Hoy, el archivo del Búnker recupera este informe desclasificado y lo expone a la luz pública para recordar que, a menudo, los que mejor saben mirar al cielo nocturno son precisamente los que acaban viendo aquello que nadie más en las altas esferas está dispuesto a admitir públicamente.