EL ASTRONAUTA DE SOLWAY FIRTH (1964): EL HOMBRE DEL ESPACIO DETRÁS DE LA NIÑA Y EL MISTERIO MILITAR DE BLUE STREAK

Clasificación: Misterio Histórico

Autor e Investigación: José Moreno Jiménez

Fecha de Documentación: 20 de octubre de 2026

El 23 de mayo de 1964, Jim Templeton, un bombero retirado, historiador local y fotógrafo aficionado de Carlisle (Inglaterra), decidió aprovechar una soleada mañana de primavera para hacer una excursión familiar junto a su esposa Annie y su hija de cinco años, Elizabeth. El destino elegido fue Burgh Marsh, una extensa y solitaria pradera de marismas situada frente al estuario de Solway Firth, en la comarca de Cumbria. El objetivo de aquel paseo no podía ser más cotidiano: estrenar y fotografiar el nuevo vestido azul pálido y las zapatillas blancas que habían comprado para la pequeña Elizabeth. Cuando llegaron a las marismas, el lugar estaba prácticamente desierto. Según declaró Templeton bajo juramento años después, únicamente había un par de ancianas sentadas dentro de un automóvil a varios cientos de metros de distancia, en el extremo opuesto del prado. Eso sí, el exbombero notó una peculiaridad en el ambiente: el ganado que pastaba en la zona parecía inusualmente nervioso, agrupado en un rincón y como si una carga de electricidad estática flotara en el aire. Ajeno a cualquier anomalía, Jim cargó su cámara réflex Pentacon F con película en color Kodacolor, colocó a su hija sentada en el césped sosteniendo un pequeño ramillete de flores silvestres y disparó tres fotografías seguidas. En ningún momento ni él ni su esposa vieron a nadie acercarse por la espalda de la niña, algo imposible de pasar por alto en una llanura totalmente abierta y sin árboles donde esconderse. Días más tarde, cuando Templeton acudió al laboratorio químico local para recoger las fotografías reveladas, el encargado de la tienda le entregó el sobre con gesto contrariado. «Es una lástima que ese hombre pasara por detrás justo cuando hizo la mejor foto de la niña», comentó el dependiente. Jim no entendía de qué le hablaba hasta que sacó la segunda copia del carrete. Detrás de la cabeza de Elizabeth, emergiendo de la nada a escasos centímetros de su espalda, aparecía la mitad superior de una figura corpulenta embutida en lo que parecía un traje presurizado de color blanco brillante, con el brazo derecho flexionado y la cabeza cubierta por un casco blanco dotado de una visera oscura. Parecía, sin lugar a dudas, un astronauta moderno flotando o caminando en diagonal tras la pequeña. Conmocionado, Templeton llevó el negativo original a la comisaría de policía de Carlisle y posteriormente a los laboratorios centrales de Kodak. Los especialistas de la multinacional fotográfica analizaron la película buscando rastros de doble exposición, superposición de fotogramas o manipulación química en el cuarto oscuro. El veredicto fue rotundo: el negativo era cien por cien auténtico y no había sido alterado. De hecho, Kodak llegó a ofrecer públicamente suministro gratuito de carretes fotográficos de por vida a cualquier experto que lograra demostrar cómo se había producido aquel fallo técnico, un premio que jamás fue reclamado. Pero el caso dio un giro digno de una película de espionaje pocas semanas después de que el diario Cumberland News publicara la imagen y esta diera la vuelta al mundo. Mientras la historia ocupaba titulares internacionales, el gobierno australiano y técnicos británicos que trabajaban en la base militar de pruebas de misiles de Woomera, al sur de Australia, sufrieron un escalofrío al ver el periódico. Horas después del disparo fotográfico de Templeton en Inglaterra, estaba programado en Australia el lanzamiento del cohete balístico británico Blue Streak. Aquel lanzamiento había tenido que ser abortado en el último segundo porque los monitores de seguridad habían detectado a dos figuras vestidas con trajes blancos idénticos al de la foto de Solway Firth merodeando por la zona restringida del búnker de disparo. Lo más inquietante es que el cohete Blue Streak había sido fabricado y ensamblado precisamente en la base de la RAF en Spadeadam, situada a pocos kilómetros de la pradera donde Jim Templeton hizo la fotografía. El episodio más siniestro ocurrió poco después. Dos individuos vestidos con trajes completamente negros, conduciendo un automóvil Jaguar negro último modelo sin distintivos oficiales, se presentaron en el parque de bomberos donde trabajaba Templeton. Se identificaron únicamente por números —«Agente 9» y «Agente 11»—, una jerga impropia de la policía o el ejército británico. Sin mostrar placas, subieron a Templeton al vehículo y lo llevaron de vuelta a las marismas de Burgh Marsh. Allí lo sometieron a un agresivo interrogatorio sobre las condiciones meteorológicas, el comportamiento de las aves y el punto exacto donde estaba su hija. De repente, uno de los agentes le exigió que admitiera que en la pradera había «dos hombres en lugar de uno». Cuando Jim insistió en que él jamás vio a nadie con sus propios ojos y que solo apareció la figura en el revelado, los dos hombres de negro montaron en cólera, arrancaron el coche a toda velocidad y dejaron a Templeton abandonado en mitad del páramo, obligándolo a caminar más de ocho kilómetros de regreso a casa. Con el paso de las décadas, los escépticos han intentado explicar la anomalía sugiriendo que la figura podría ser Annie, la esposa de Templeton, fotografiada de espaldas con un vestido azul claro que habría quedado sobreexpuesto y desenfocado por el sol, creando una ilusión óptica (pareidolia). Sin embargo, Templeton defendió hasta su muerte en 2011 que su esposa estaba situada detrás de él mientras tomaba la foto, no frente al objetivo, y que en la siguiente instantánea tomada segundos después la llanura seguía completamente vacía. ¿Captó aquella cámara Pentacon un proyecto militar clasificado, un viajero dimensional o el fantasma de un programa espacial secreto? Si te ha gustado este caso, no te puedes perder nuestro expediente sobre EL FANTASMA DE LA NIÑA DE WEM, donde analizamos otro fascinante misterio de nuestros archivos.

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